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El arte de perseverar: Cuando los colores transforman vidas

Hoy quiero detenerme un momento para compartir una alegría muy profunda con ustedes.

Llevo muchos años "remando" para sacar adelante mis talleres creativos. Mi motivación, sinceramente, siempre ha sido compartir y hacer visible el inmenso beneficio que tiene pintar, jugar con los colores y crear con las manos. Si yo mirara este proyecto solo a través de los libros de contabilidad, seguramente lo hubiera dejado hace mucho tiempo.

El camino ha tenido sus tormentas: asociaciones que no funcionaron, talleres gratuitos que preparaba con ilusión y a los que luego la gente no asistía a pesar de haber confirmado... En fin, decepciones, mucho esfuerzo, tiempo, estudio y dedicación.

Pero hoy, la perseverancia da sus frutos. De a poquito, veo cómo crece nuestra red. Siento el cariño y la valoración de la gente en la comunidad de arteterapia de Aurora Luna Walss. Los talleres "M'artes" (dos martes por mes en línea, en español) siguen con cada vez más fuerza. Además, algunas alumnas eligen jornadas privadas para especializarse en alguna técnica; almorzamos juntas y pasamos un artístico y bello día aprendiendo y avanzando. Tengo alumnas asiduas a mis talleres en casa compartiendo algo rico preparado por mí, se presentan oportunidades de colaboraciones interesantes y ya estoy preparando nuevos proyectos y talleres en mi comuna para la próxima temporada.

Sin embargo, de todas las cosas hermosas que están pasando, hay una que me llega a lo más profundo del corazón.

Tiene que ver en particular con una participante que asiste desde hace varios años. Llegó al taller diciendo lo de siempre: "no soy creativa", "no sé dibujar". Al principio, jugamos con los colores, nos familiarizamos con los materiales y se fue sorprendiendo de sus pequeños logros. Hoy, pinta unos cuadros hermosos y todavía le cuesta creerlo.

Pero lo más bello no es el lienzo terminado, sino lo que yo, como observadora y acompañante de su proceso, he tenido el privilegio de ver. Su evolución artística provocó en ella un crecimiento emocional monumental: mayor seguridad, autoestima y el descubrimiento de partes de sí misma que ni imaginaba que existían.

Esto es lo que me confirma que cada gota de energía invertida ha valido la pena. Gracias a los que confiaron, porque me motivaron; crecí y los talleres también, enriqueciéndose y adaptándose con el aporte de cada uno de ustedes. Gracias por ser parte de este viaje. El arte sana, el arte conecta, y aquí seguimos, creando espacios para florecer.

 
 
 

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